Chin Chin – Chin Idea

(AP Photo/Martin Mejia)

El círculo más cercano de Pedro Castillo está concentrado en el pleito con Perú Libre, al tiempo que trata -sin suerte- de conseguirle un partido político propio al presidente para «independizarlo» de Vladimiro Cerrón. Y mientras ellos se pelean en Palacio de Gobierno como quien se disputa la presidencia de una asamblea de vecinos, el país entero continúa sumergido en la incertidumbre y sufriendo los efectos de la ausencia de decisiones y del propio presidente Pedro Castillo.

Quizás Castillo no llegue a marzo. Esta semana la palabra «vacancia» ha salido de la boca de la propia presidenta del Congreso, Maria del Carmen Alva, aunque no promovida por ella. Hay, es verdad, voces de vacancia allí afuera incluso desde antes de que Castillo gane: “es un incapaz, hay que vacarlo”. Y aunque uno puede considerar que es poco elegante poner sobre la mesa esa posibilidad para un gobierno que tiene poco más de un mes en el cargo; aunque uno pueda dudar de las convicciones democráticas de quien promueve algo como eso y aunque tire la piedra y esconda la mano, lo cierto es que el tema está allí y existe. Hace rato. Y crece, poquito, pero crece. De seguir en este camino, el gobierno corre el riesgo de que incluso los pavos navideños lo sobrevivan.

El gobierno no tiene dirección, es un bulto empujado por la inercia de la marea sin aparente consciencia de que si se sigue haciendo el muertito pronto acabará siendo el muertito.

Tal vez ese sea su principal y más urgente problema: ni Castillo ni nadie en su entorno -ni siquiera sus aún aliados- parecen ser capaces de darse cuenta del tamaño del predicamento en el que están o de cuán grande les queda la silla de presidente a todos juntos. No parecen tener idea de la dimensión de la responsabilidad ni del rol que exige el cargo ni de lo que se espera del presidente de la República. No tienen idea de cómo han llegado al mundial de fútbol, pero allí están y hacen lo único que han hecho siempre y saben hacer: ratonear en 3 metros como si siguieran en el mundialito de El Porvenir, de espaldas al hecho de que la cancha en la que están ahora es 30 veces más grande y hay millones de personas mirándolos.

El costo de oportunidad de este flotar sin rumbo definido es inconmensurable para el país. La incertidumbre golpea a todos, pero siempre golpea más a las personas que tienen menos recursos: ellos -a los que Castillo y su gente dicen defender y representar- dependen de las inversiones que hagan o no hagan quienes sí tienen recursos. Y uno de los problemas de la incertidumbre es que suele llamar a meter la plata debajo del colchón o a llevársela al extranjero (dólar en más de S/.4), llama a evitar arriesgar innovando o invirtiendo en negocios nuevos o en ampliar los que sobrevivieron a la pandemia y a la recesión.

Gráfico de Gestión.

Lo que abunda es incertidumbre y desconfianza.

Por eso -también- al gobierno le es tan difícil conseguir colaboradores de fuera de su espectro ideológico y círculo de conocidos: ¿cuántas personas pondrían orgullosos en su CV que fueron ministro de Pedro Castillo y Guido Bellido junto a Iber Maraví? ¿Quién se arriesgaría y apostaría por subirse a un barco de dudosa flotabilidad cuyo destino nadie conoce? Por eso solo escogen entre la gente que tienen más cerca, porque peor es nada. No es solo egoísmo, no es solo el ánimo de quemar todos los puentes o por revanchas o por ideas ridículas de diversidad inexistente; tampoco es solamente una aguda miopía y un deseo irrefrenable de coparlo todo con lo peor que tienen. No, lo que ponen es realmente todo lo que tienen.

Por eso no toman decisiones. Por eso cuando las toman luego retroceden. Por eso el individuo que vendía revisiones técnicas salió el MTC en cuestión de horas y por eso llegó al puesto: porque no les daba ni para googlear. Por eso no saben con quién plegar las lealtades. Por eso el primer ministro Guido Bellido llega acompañando a Cerrón para que este se reúna en plan de pleito con el presidente Castillo. Por eso el PCM no puede echar ministros. Por eso Ayala amarra todo lo que puede desde el ministerio de Defensa.

Por eso -también- Castillo respalda y mantiene en el ministerio de Trabajo a un individuo que, parafraseando a un amigo querido, es «acusado políticamente por dos terroristas de haber sido parte de Sendero Luminoso (SL), con partes policiales y proceso iniciado por terrorismo. Y que luego resulta que no solo fue parte de SL, sino que fue dirigente. Y no solo fue dirigente, sino que participó en acciones armadas. Y no solo ello, sino que se casó con la hija de Perez Huarancca, un comprobado terrorista de SL. Y no solo se casó con ella, sino que juntos firmaron para inscribir a Movadef. Y no solo firmaron, sino que asistía a los congresos de Conare. Y no solo asistió a ellos, sino que su único acto como ministro ha sido legalizar a la facción conarista del Sutep».

Iber Maraví, Ministro de Trabajo.

¿Se dará cuenta Castillo de que con eso bastaría para vacarlo por incapacidad moral? ¿No se da cuenta o confía en que el Congreso no conseguirá 87 votos porque allí la mayoría tiene espíritu de ganapán? Probablemente sea un poco de ambas, lo que revela una absoluta falta de respeto por lo que no le consta. La ignorancia es muy audaz.

César Hildebrandt afirma que el Movadef está en Palacio y que respalda a Maraví y que constituye el círculo de confianza de Castillo. Hildebrandt tiene razón. Por el momento no es tan importante la cercanía que el brazo político de Sendero Luminoso tiene con el poder real porque son incapaces de hacer que dicho poder les sea funcional: ganar el Grand Prix de Francia toma muchísimo más que abrir la puerta del auto y los amigos de Castillo todavía no han aprendido a no caerse de la bicicleta. Y como no se quieren ni entre ellos pasan más tiempo complotando para eliminarse entre sí que conspirando para apoderarse del país. Más o menos como siempre, felizmente.

Pero todo se aprende y un inexperto con una metralleta puede ser más peligroso que un militar entrenado.

Esto del Movadef, por sí mismo, es escandaloso, inaudito e intolerable; es una causal de vacancia por incapacidad moral en toda ley y muy pocos (ni siquiera el gabinete de ministros completo) estarían dispuestos a poner un pie en la calle para defender al Ejecutivo. Pero el entorno del presidente no se ve a sí mismo como un riesgo considerable, vaya sorpresa, así que es probable que sigan empujando sus guerritas nimias al costo enorme de tener abandonado al país. O de que los manden muy pronto a su casa.

Cada golpe al Ejecutivo empuja a Castillo a su círculo cercano y lo acerca al precipicio de la vacancia. Por mucho menos vacaron a Vizcarra y renunció Kuczynski. Pero Castillo tiene suerte: el Congreso no encuentra las llaves del auto en el que está subido y algunos no tienen interés en encontrarlas. La diferencia es que ellos sí saben a dónde van: por 10 gratificaciones como mínimo y ningún presidente se interpondrá en su camino. No es poco.

Esto de Maraví y de Movadef en Palacio de Gobierno son graves vulnerabilidades considerando, además, que Castillo es un presidente ausente que «se manifiesta» a través de voceros-fusible: ministros o congresistas. O Cerrón. Eso en sí mismo es insostenible porque la representatividad de un ministro existe mientras está en el cargo y eso suele durar menos que un cepillo de dientes. Cerrón puede irse (o tener que irse) en cualquier momento. Bermejo también. Si el poder no se ejerce, lo toman otros y el poder también se ejerce a través de símbolos: si no hablas, pero todos saben que tú eres el que hace que las cosas sucedan, no hay demasiado problema. ¿Pero qué cosas suceden porque Castillo decide que sucedan?

La semi presencialidad de Castillo continuará porque él cree haber encontrado la solución a su problema de comunicación: que comuniquen otros. Pero el problema real no se soluciona con un mes de media training intensivo ni con clases de realidad nacional y funcionamiento del estado (funcionamiento que evidentemente desconoce y por eso propuso crear de nuevo la contraloría). Podríamos decir que Castillo está atrapado un poco dentro de sí mismo y otro poco dentro de las capacidades comunicacionales de Cerrón y compañía.

Personas como Bellido, Cerrón y Bermejo están curtidos en la discusión política continua, de base, en el ataque y la emboscada asambleístas y arteros. Están entrenados en el arribismo oportunista de las alianzas fugaces y volátiles. Los hemos visto desempeñarse: puede que nos parezca aborrecible lo que dicen, pero suelen decirlo con claridad, rapidez y cierta contundencia. Al menos la suficiente para que sus interlocutores no los pesquen desprevenidos. Por cierto, ninguna de esas habilidades por sí solas -o en conjunto- te convierten en estadista.

Castillo, en cambio, huye de las repreguntas, se expresa con libertad solamente cuando no hay un interlocutor que cuestione lo que dice. Por eso la plaza y la declamación le acomodan: él habla, nadie le discute nada y luego se va. Así se vio en los debates de campaña, aunque entonces no era tan notorio: sus peores momentos siempre fueron cuando tuvo que contestarle al oponente porque se quedaba sin recursos; se sabía la lección, pero no podía usarla como la usa Bellido, como arma arrojadiza. Su ausencia en el debate diario de la segunda vuelta casi le cuesta la elección, solo ganó porque al frente había una Fujimori con las andanzas fresquísimas en la cabeza de demasiadas personas. En casi cualquier otro escenario, hubiera perdido. Esa dificultad -insisto- no se arregla con media training, este solo ayuda a expresar un contenido que ya existe, no para inventar uno.

Con mucho trabajo y muchas ganas, su manejo de la comunicación podría mejorar un poco, aunque no parece que esté entre sus prioridades: recién hace tres días que Palacio de Gobierno tiene una nueva secretaria de comunicaciones y prensa. Ese cargo estuvo vacío más de un mes. Quizás el presidente piensa que las obras deben hablar por él (como creía un exalcalde ladrón), pero Castillo no tiene ni un peldaño para mostrar.

¿Qué entramados comunistas ha hurdido, qué ha hecho Castillo en 30 días además de meterse en problemas con sus aliados y empujar «reformas» anodinas? La «rojitud», hasta ahora, se parece mucho a la inoperancia y la gente se está hartando. Según la reciente encuesta de CPI, más del 50% cree que Guido Bellido debe dejar el cargo. Quizás, muy pronto, los encuestados crean que quien debe dejar el cargo es Castillo.

Como Mambrú cuando se fue a la guerra. Y regresó muerto.

ACTUALIZACIÓN. Anoche, el Presidente Pedro Castillo se dirigió durante seis minutos y 26 segundos a la Nación. «Tenemos los objetivos y las metas claras», fue lo primero que dijo y luego hizo una serie de anuncios.
El más novedoso: en el Perú se construiría (en condicional) una planta para fabricar la vacuna Sputnik de Rusia (2023).
El más importante: para fines de setiembre se habría vacunado con dos dosis a la mitad de los peruanos.
El resto son números que no cuadran (bonos y empleo) y cosas que ya se sabían (plantas de oxígeno y glp al fondo de estabilización de precios de los combustibles). Son anuncios que pudo hacer un ministro con un papelógrafo y lo primero que dijo no era cierto.

Queda la impresión de que Castillo habló para que ya no digan que no aparece y anunció lo que -según la encuesta de CPI- querían escuchar los ciudadanos. El presidente sigue vacío y ausente.

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